¿Te hicieron alguna vez una ortopantomografía? Es una radiografía panorámica de la mandíbula pero dicho bien.
La ortopantomografía se hace de pie agarrado a dos asas metálicas y con la barbilla en un poyete para que no te muevas. Para que separes los dientes tienes que morder una lengüeta de plástico.
Pues me acerqué a una clínica cerca del trabajo para hacerme la ortopantomografía y por el camino iba repitiéndome -”ortopantomografía, ortopantomografía, ortopantomografía…”- para que cuando me preguntasen, poderlo decir de carrerilla y no tener que sacarme el papelito que me había dado el dentista.

La sala de espera a la que me mandó la recepcionista era en forma de “L”. El sillón que estaba frente a la puerta estaba ocupado por otra persona, asi que me senté en la parte desde donde no se veía esta puerta.
No pasó un minuto cuando escuché mi nombre y antes de poder responder la persona que estaba esperando, se levantó corriendo y cruzó la sala diciendo que era ´l. ¡Qué casualidad!!!, otro Emilio en la sala de espera.
No me extrañó que le llamasen antes que a mí, ya que estaba esperando cuando llegué y continué sentado mirando a la pared de enfrente sin pensar en nada y muy contento por haber dicho tan bien en recepción “ortopantomografía”.
A los pocos minutos se abrió una puerta a mi derecha; ni me había fijado que allí hubiese puerta, y salió una doctora muy sonriente que me dijo -”¿Emilio García?”. Le expliqué a la doctora que el nombre sí, pero que el apellido sería del señor que se habían llevado hacía muy poco por la otra puerta
La doctora se echó las manos a la cabeza y salió a todo lo que le daban los zuecos por el largo pasillo a buscar al señor García.
-”¿Emilio Rodríguez?”- Me dijo riendo al poco tiempo el doctor ortopantomográfico (o como se llame) invitándome a seguirle.
Entramos en una habitación en penunbra con el aparato de ortopantomografiar y el doctor me indicó que, antes de colocarme, tenía que poner una lengüeta limpia ya que el señor de antes la había mordido.
-”Agárrese a las asas metálicas (1), coloque la barbilla en el poyete (2), muerda la lengüeta de plástico (3) y no se mueva”-. Por el tonillo cantarín debía haberlo dicho más de una docena de veces a lo largo de la mañana, pero esta vez al terminar las instrucciones se le escapó una risa y murmulló -“… y el tipo mordió la lengüeta de plástico…”
No me gustaría haber estado en el pellejo de este señor cuando le cantaron las instrucciones anteriores. ¿Que le pasó por la cabeza cuando escuchó que tenía que morder una lengüeta de plástico? El pobre hombre venía para hacerse una exploración por un problema testicular.
¿Cerraría los ojos al morder la lengüeta?